jueves, 8 de abril de 2010



Un buen amigo me dijo que en los ratos de ocio o tiempos muertos, de los cuales teníamos muchos en Monterrey por los largos traslados de un punto a otro en transporte urbano, se ponía a hacer trazos y garabatos para sentir el paso del tiempo menos pesado.

Así que puse en práctica ese ejercicio y en un momento de aburrimiento me puse a hacer garabatos, no surgieron obras de arte pero si, un desahogo necesario que calmara un momento mi ansiedad.

Cuando me pongo a dibujar logro entrar en una especie de trance confuso y del que en ocasiones no me interesa saber el significado; recuerdo que el día que trace estas líneas, estaba yo muy concentrada y de repente una manita curiosa tomo uno de los lápices de color y autografió la hoja sobre la que yo trabajaba, desde entonces mi hijo decidió ser acompañado también de lápices y cuadernos de hojas blancas.

Dejo aquí estos garabatos, uno de los cuales Bernardo, mi hijo entonces de tres años y medio, nombro, “Dinosaurio del huevo morado”…

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